Nosotros lo llamamos renovación del casamiento, pero fue mucho más que eso..
Mark y yo nos casamos hace más de 18 años. Como éramos de dos religiones diferentes nos encontramos con una fuerte resistencia por parte de nuestras familias. Queríamos una ceremonia con ambos cleros. Sin embargo, si un rabino oficiaba, el lado Católico de la familia no asistiría, y si un sacerdote oficiaba, el lado judío no asistiría. Escogimos tener un Juez de Paz y una ceremonia desprovista de religión.
Pasó el tiempo y cada vez que recordaba nuestra boda, sentía que algo había faltado. Éramos creyentes y el casamiento era sagrado. Lamento que, ni mi marido ni yo reconocíamos entonces nuestras creencias. Años más tarde, después que nació nuestra hija, y que yo me convertí al judaísmo, empezamos a juguetear con la idea de tener una boda judía. Queríamos dar a conocer nuestro compromiso, no sólo uno frente al otro, sino también frente al judaísmo, y tener la bendición de Dios. Nuestro rabino sugirió que en el decimoctavo aniversario sería un momento ideal para renovar nuestros votos. (En el hebreo, el número 18 corresponde a la palabra hebrea "Jai," que significa "vida.") Para esa fecha yo estaba en el primer año de duelo por la muerte de mi madre. Me di cuenta cuán rápidamente la vida se va, con qué frecuencia nos olvidamos de decir "te quiero," y cuán importante es tener una pareja sostenedora. Por estas razones, llegó a ser aún más significativo para nosotros renovar votos con una boda judía. Nos prometimos que en esta boda, las cosas serían diferentes a la primera vez. Había algunas grandes diferencias, pero también varias similitudes. Cuando le preguntaba a Mark por colores, comida, torta, etc., recibía por respuesta "Cualquier cosa que te haga feliz está bien." ¡yo bromeaba diciendo que este segundo marido mío era tan parecido al primero! Sin embargo, a diferencia de la primera vez, presioné para que él compartiera conmigo qué le gustaría en 'NUESTRA' boda. Después de presionar lo suficiente, logré que compartiera sus sentimientos. Él quería alianzas nuevas -esta vez anillos con la inscripción hebrea "soy de mi amado." Mark quiso también que tuviéramos un ketubah, el contrato judío de matrimonio, donde escribir los votos que nos hacíamos uno al otro. Buscamos en Internet un diseño de ketubah que tuviera significado para nosotros y encontramos uno con ejemplos en cómo personalizarlo. Quisimos que quedara testimonio que nos casamos hace 18 años y que, nuestra vida juntos es una aventura, que nuestro hogar está comprometido con el judaísmo, la familia y los amigos, la esperanza y la paz. Al igual que en nuestra primera boda, tuvimos temor acerca de la reacción familiar. Ésta sería una boda judía, por lo tanto, no habría preocupación por comentarios del lado de la familia de Mark. Pero moría pensando a qué parientes de mi lado invitar. El año siguiente a la muerte de mi madre, estuve fuertemente ligada a mis hermanos menores y quise definitivamente invitarlos. Les encantó la idea de una fiesta y una boda , así que, aceptaron inmediatamente la invitación. Con mis hermanos mayores, sin embargo, la historia era diferente. El dolor de los argumentos en el funeral de mi madre acerca del judaísmo vs. el catolicismo estaban todavía frescos, y no quise que esto fuera otra ocasión más donde se debatiera religión. Tristemente, decidí no incluirlos. Mi padre era un asunto diferente. Él no entendió mi conversión al judaísmo. En nuestra primera boda había expresado su voluntad de la presencia de un sacerdote. Pensé y oré sobre este dilema. Sin embargo, es mi padre, y con alguna inquietud lo llamé para decirle acerca de la renovación de mi boda. Él no podría entender y pensó que, esta ceremonia judía era toda idea de mi marido. Le aseguré que era más idea mía que de Mark. Entonces indicó que no estaba seguro si podría asistir. Le dije que lo quería y lo respetaba, pero si él no se sentía capaz de asistir, entendería. Papá no asistió a la boda ni a la fiesta que hubo después. Hace diecinueve años me hubiera sentido rechazada si mi padre hubiera elegido no asistir, hoy entiendo que él siguió sus creencias personales. Así como yo seguí las mías. Hablé con mi rabino acerca de modos de aumentar la espiritualidad en ese día. Me dio algunas sugerencias, como una visita a la mikvah, baño ritual, pero no lo sentí importante. Sin embargo, otras propuestas sí prendieron en mi. Una era que hiciera una Jupah, (el techo tradicional de las bodas judías) bajo la cual Mark y yo tomaríamos nuestros votos. Esta resultó una idea maravillosa. Con la ayuda de amigos y familia, hice un jupa que simboliza los hogares judíos. Como la cosí yo ,fantaseé con que mi hija algún día se pare bajo la misma jupa con su marido. ¡Sin embargo, mi hija me dijo claramente que ella quiere hacerse su propia jupa algún día! Queríamos que la familia tomara parte en la boda, el rabino sugirió ideas apropiadas para los judíos y para los no judíos de la familia: mi hermano y mi hermana menores podrían leer un poema, tener la jupa, o leer un discurso que ellos habían escrito. Permitirles participar mostraría cuán especial son ellos para nosotros. El rabino sugirió también que nuestra hija pronunciase un discurso, y esto fue fantástico. Nuestra hija Erica, de 11 años, tímida se paró en la bimá, el podio, y nos dijo cuánto nos adoraba y nos admiraba, cuán feliz era de ser judía, y reconoció que, ser judía no era una decisión fácil con un papá judío y una mamá Católica. Habló también acerca de cuán orgullosa estaba de mí por escoger ser judía. ¡Erica terminó su discurso deseándonos que nuestra vida sea como un cuento de hadas y vivamos felices para siempre. Terminó la ceremonia rompiendo ambos la copa de vino simbolizando la igualdad en nuestra relación, el recuerdo de la destrucción del Templo, y de la fragilidad de la vida y el amor.
¡Nosotros lo llamamos una renovación del casamiento, pero fue mucho más: Una re dedicación de nuestro amor, una promesa para continuar nuestra vida judía juntos, y una celebración de la vida!
¡L' Chaim! ¡Por la vida!
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