Haciendo eleccions religiosas por nuestros hijos

Por Arlene Chernow

Una pareja interconfesional puede desear evitar tomar decisiones acerca de la identidad religiosa de su familia. Algunas parejas las evitan, temiendo que aún una discusión pueda causar dolor a su relación. Puede parecer que no hacer elecciones no trae consecuencias.

¿Qué sucede cuando parejas que no han tratado estos asuntos llegan a ser padres? ¿Cómo puede una pareja interconfesional transformar un conflicto posible en un proceso que ayudará a construir una relación fuerte y una familia más fuerte aún?

Como Director Regional de programas para parejas interconfesionales de la Unión de Congregaciones Hebreas Americanas, visito las congregaciones para dirigir grupos de discusión y he trabajado con parejas interconfesionales y con sus padres. Sus relatos y las consecuencias inesperadas que ellos han experimentado pueden resultar útiles para parejas que estén considerando opciones y elecciones.

Las oportunidades de Aprender

Un asunto sencillo como es escoger una fecha para la boda puede traer varios asuntos a la superficie. En la tradición judía, las bodas no se realizan en Shabat (el viernes al atardecer hasta el sábado al atardecer). Muchas ramas cristianas no hacen ceremonias de boda en su Sábado, que es el Domingo.

Esta diferencia puede proporcionar a la pareja la oportunidad de aprender cada uno acerca de la religión del otro, y cómo las festividades a veces son diferentes y otras veces no. Puede llegar a ser aún más significativa si se la ve como la posibilidad de compartir los sentimientos y los recuerdos que la práctica religiosa tuvo en su niñez, y el papel que cada uno de ellos espera que tenga la religión o las tradiciones en la familia que están creando.

Haciendo Elecciones

Una tentación para los padres es exponer a los niños a las dos experiencias religiosas y permitir que ellos tomen un decisión cuando sean grandes.

Los niños criados así, a menudo dicen que sentían como si hubieran debido elegir entre su madre y su padre, y no entre las creencias de sus padres. Dicen también haberse sentido sin identidad, como si no perteneciesen ni a la religión de su madre ni a la religión de su padre.

Los padres que toman el camino de no elegir encaran otro dilema: la educación religiosa. Una educación religiosa formal puede proporcionar a un niño un sentido de comunidad, un sentido de pertenencia y un sentido de la identidad espiritual. Los niños cuyos padres trataron de ser equilibrados a menudo comentan haber tenido un sentido profundo de confusión.

Muchos padres que no escogieron una identidad religiosa para sus niños antes de que nazcan se encuentran con dificultades más tarde. Haber decidido antes del casamiento "no decidir" puede sentirse luego como un compromiso . A veces, también, los padres recién se dan cuenta cuando tienen niños que les quieren ofrecer su propia identidad religiosa. Los padres que han acordado celebrar todas las festividades se pueden encontrar tratando de hacer sus fiestas más atractivas que las de su pareja, estableciendo una tensión casi sin advertirlo y generando una fuente de competencia dentro de la familia. En estos casos, pueden no saber cómo acercarse a su esposo para señalárselo y como tratar constructivamente este asunto.

Es importante que el padre judío sea conciente que criar un niño con una identidad judía toma algún esfuerzo. Los niños que no son criados con un sentido de identidad judía asumirán que pertenecen a la "sociedad general" de América moderna. Casi inevitablemente, los niños se identificarán con el calendario de festividades y tradiciones cristianas porque son la mayoría, y se identificarán a sí mismos como cristianos.

Los niños jóvenes tienden a ver el mundo en términos absolutos. Ellos querrían que sus padres den respuestas a sus preguntas sobre todo cuando sienten que el mundo los confunde. Los niños educados en dos conjuntos de creencias acerca de Dios y su papel en el mundo harán a menudo preguntas como: "¿cuál es verdad?

La identidad religiosa de la familia

Muchas parejas temen innecesariamente las consecuencias de escoger una sola religión para su familia. Escoger una sola identidad religiosa no significa que las fiestas no se celebrarán con la familia extensa. Ni significa que los nietos no tendrán relaciones especiales con todos sus abuelos. Las memorias de la niñez y las recetas de los abuelos se pueden compartir fácilmente con los niños, mas allá de la identidad religiosa que tengan.

Antes que ver la elección de una identidad religiosa como una decisión donde un lado de la familia gana y el otro pierde, la elección se puede ver como una de las decisiones familiares que los padres deben hacer. Los padres entonces pueden presentar la decisión al niño, y ayudarlo a relacionarse y a entender la diversidad en su familia más grande. "Todos podemos ayudar a la Abuelita a celebrar sus fiestas, así como nosotros celebramos sus cumpleaños" es una manera de acercar y honorar lo interconfesional en la familia extensa. Las familias inter confesionales pueden criar a sus niños con una fuerte identidad religiosa y un profundo amor que les permitirá vincularse con todos los miembros de la familia.

Copyright InterfaithFamily.com, Inc. Reprinted with permission

Para leer artículos similares visitá la página www.InterfaithFamily.com.

Mensaje de Guillermo Pragana a su hijo Matías en ocasión de su Bar Mitzva

Querido hijo:

Llegamos hasta aquí por diversos motivos pero, fundamentalmente, porque tu madre y yo nos enamoramos, y decidimos darle cause a nuestro amor. Y, como suele suceder cuando el amor está en juego, surgieron complicaciones. La más dificultosa fue que tu mamá es judía y tu papá es cristiano. Y lo digo así -"tu mamá" y "tu papá"- porque el hecho no tendría mayor relevancia si no estuviera en juego la descendencia. La verdadera complicación, de una situación como la nuestra, es respecto de los hijos: ¿van a ser judíos?; ¿van a ser cristianos?; ¿van a ser nada?; ¿van a elegir lo que quieren ser?;

¿van a elegir la tradición de mamá o la tradición de papá?; ¿van a elegir la familia de papá o la familia de mamá? En suma: ¿van a elegir a mamá o a papá?

Hace ya más de dos años, hablando del tema con el hermano Miguel, un monje benedictino, surgió la lectura del Salmo 150 como forma de echar luz sobre alguna de estas cuestiones. El Salmo 150 es el último del Libro de los Salmos y, según lo interpreto, habla de una suerte de orquesta sinfónica universal de alabanza a Dios. En su parte final dice:

Loadle con el sonido del Shofar,

el sonido del arpa y de la cítara.

Loadle con pandero y danza,

con flauta y con todo instrumento.

Loadle con suaves melodías,

loadle con júbilo estruendoso.

Todo el alma alabe a Dios.

La alabanza a Dios debe ser a toda orquesta, es decir, deben participar en ella todas las naciones y razas, todas las civilizaciones y culturas, todas las tradiciones. Y cada cual debe hacerlo con toda el alma, es decir, interpretando en plenitud el instrumento que le ha tocado en suerte: la tradición que le ha tocado continuar. Desde esta perspectiva, ser judío o ser cristiano sólo significa interpretar instrumentos diferentes en la sinfónica de la Creación. Y eso implica que cuanto más desarrollemos la diferencia específica de cada cual, mejor será el resultado de nuestra interpretación y, por lo tanto, mejor será el resultado que obtengamos en conjunto.

Y es así como, hijo, lo que en un nivel parecía una disyuntiva desgarradora e insoluble, en otro nivel, superador, tal disyuntiva es motivo para que el amor y la alegría se multipliquen en una suerte de concierto sinfónico universal. Y, en verdad, no es una disyuntiva tan difícil de superar, a condición de que prestemos atención y asumamos plenamente lo que está allí, para todos nosotros, desde siempre:

Adonai eloheinu

Adonai ejad

Adonai nuestro Dios.

Adonai Uno es.

Hoy, Matu, es un gran día. Un día de conmemoración y celebración. Un día de confirmación y de definición. Conmemoración y celebración del don de existir y de su continuidad. Confirmación, definición, respecto de tu pertenencia al pueblo de Israel. Es desde ahí que te toca participar de la sinfónica de la Creación.

¿Por qué como judío? Para mí, hay un motivo muy simple que define sin más la cuestión: el ser judío se adquiere al nacer del vientre de una mujer judía. Y esa condición, Matu, es parte de tu madre, tanto como lo es su pelo rubio o sus ojos celestes… El amar y el ser amado son un don. Pero el amor también obliga. Y la obligación del amor es la gratitud: amarla, y ser amado por ella, es asumir como propia esa condición que, sin más, te hace judío.

No dudes, hijo mío, que mi corazón está rebosante de orgullo y de alegría. Y mi corazón no late sólo por mí, sino que también lo hace por mis antepasados, que son los tuyos. De hecho, desde que Baruj nos convocó a hablar, recuerdo a menudo, no sé bien porque, a mi abuela materna, Encarnación, que era originaria de La Coruña. Y también me la paso escuchando música celta, lo cual no es habitual en mí.

En una oportunidad bailamos con Nora al son de esa música, y entonces sentí que no estábamos solos, que tu bisabuela estaba con nosotros, que bailaba a través nuestro. Pero no era esa serena viejecita de noventa y nueve años que era cuando dejó este mundo, sino que era una bella y fogosa moza de quince años. Y no estábamos en San Miguel, sino que estábamos a orillas del Mar Cantábrico, bailando a la luz de la luna y al son de las gaitas. Y celebrábamos su pasaje a la adultez, como hoy celebramos el tuyo.

Matu, en ese sentido, vos también sos ella. Y ella, y todos los que nos antecedieron y ya no están, vuelven a celebrar a través nuestro. Y todos juntos nos alegramos que un nuevo integrante se incorpore a la sinfónica de la Creación. Sí, todos, porque desde la perspectiva de la eternidad, no es relevante cual instrumento interpretemos: lo relevante es que cada uno interprete el suyo con toda el alma.

Entonces, hijo, unámonos a nuestros antecesores, que ya desde hace días parece que están festejando. Cantemos y bailemos: celebremos que la creación no está terminada y que requiere de tu participación para ser continuada y mejorada. A ti te toca participar como judío: que lo lleves con orgullo, con dignidad y, muy especialmente, con alegría.

¡Aleluya!

Buenos Aires, 13 de Noviembre de 2004

Templo de la Fundación Pardes

Rabino Baruj Plavnick

Celebración del Bar Mitzvá de Matías Pragana

Escrito y leído por Guillermo Abel Pragana

guillermopragana@fibertel.com.ar

Mensaje de Guillermo Pragana a su hijo Nicolás en ocasión de su Bar Mitzva

Hijo querido:

Como sabés, hace poco más de cinco años, pasé unos días de retiro en una abadía benedictina. El día anterior a mi vuelta, mientras estaba en mi cuarto leyendo un pasaje del Libro del Éxodo [20.5], me quedé dormido. Entonces, soñé que estaba solo en la iglesia de la abadía, observando como la luz estalla en innumerables colores al atravesar el vitral que está sobre el altar, en el cual está representada María junto al niño Jesús. De pronto, ante mi asombro, la figura de María cobraba vida y, mirándome a los ojos, con una serenidad abismal, me decía: "Somos judíos". En ese instante desperté.

El sueño fue revelador y dejó en mi alma una impronta indeleble.

Por un lado, vino a dar respuesta a una aflicción que, por entonces, embargaba mi alma: siendo de madre judía y de padre cristiano, mis hijos no eran ni judíos ni cristianos. La María del sueño -espíritu ancestral- rubia y de ojos celestes como Nora, tu madre, precipita mis dudas y vacilaciones hacia una definición al indicarme el camino, .la Halajá.

Por otro lado, el sueño viene a rescatar de la obviedad el hecho de que Jesucristo nació en el seno de una familia judía: su lengua materna era el arameo, pariente cercano del hebreo; sus únicos libros, escritos en hebreo y en arameo, eran los del Tanaj; sus interlocutores, incluídos sus apóstoles, pertenecían al pueblo de Israel. En fin, el día que marca el inicio de una nueva era, para gran parte de la humanidad, la Era Cristiana, no es el día en que se conmemora el nacimiento de Jesucristo, su Navidad, sino que es el día en que se conmemora su Berit milá, su circuncisión.

El judaísmo es la con textura original de toda textura que se precie de ser cristiana. Y es por eso, hijo mío, que no estoy aquí sólo por tí, como propiciador, sino que también estoy aquí porque siento a ésta mi casa, mi Beit midrash.

Hoy es un día muy importante.

Hoy celebramos tu Bar mitzvá, acontecimiento que señala el inicio de tu tránsito por el camino de la adultez. Y, aunque aún nos esperan varias horas de festejos, el momento culminante de esta celebración acaba de suceder: has sido llamado, por primera vez, a la lectura de la Torá. Comenzar a transitar el camino de la adultez significa no sólo hacer tuyo el legado de tus antecesores sino, además, ser capaz de transmitirlo.

Hoy se confirma tu pertenencia al pueblo de Israel, lo que afirma la posibilidad de que el apellido Pragana nombre, también, a un linaje de raigal judía.

Nuestro apellido es una palabra del idioma portugués que nombra al filamento áspero que se forma allí donde se cierra la cáscara que envuelve al grano de las gramíneas, tales como el trigo o el maíz. O sea, "pragana" es aquello que, en cuanto cierre, permite que el fruto sea cobijado y protegido por una cobertura, hasta su madurez. Cierre que no es clausura, ya que su función culmina cuando estalla, liberándose así la semilla que dará continuidad a la vida.

Puede decirse que pragana, en cuanto apellido, viene a poner de manifiesto una de las funciones de todo apellido: la de señalar el resguardo de una particular simiente que, de generación en generación, al germinar posibilita la regeneración del cuerpo de una tradición.

Así como nacemos a la vida a través del cuerpo de una madre, nacemos al Espíritu a través del cuerpo de una tradición. Sin legado ancestral, extraviamos nuestro cuerpo espiritual. Entonces, nuestro apellido nombra a un fruto sin pulpa. Como contrapartida, si el resguardo del fruto prevalece, el cierre resulta clausura, endureciéndose al punto de trastocar la semilla en espora. El nombre sólo vale por lo que nombra y el rito sólo vale por lo que conmemora: por sí sólos son cáscara vacía. La ortodoxia es el invierno de la fe. La renovación su primavera, su jardín frutal, su Pardés.

Además, nuestro apellido, como todo apellido, es equivalente al "hijo de", al ben. Un apellido nombra un linaje, es decir, una línea que figura la sucesión de las generaciones, unidas tanto por la sangre como por una tradición. A su vez, línea viene de lino, y hace referencia a cada uno de los hilos en que está conformada la trama de un tejido. O sea, como sucede con las doce tribus de Israel, del entrelazamiento de los distintos linajes, que responden a una misma tradición, se va tejiendo la trama que conforma a una comunidad, a un pueblo.

Al decidir, tu madre y yo, darle curso a nuestro amor, en la trama espiritual que cada uno recibió como legado, se producen desgarros. Desgarros que, inevitablemente, angustian y duelen. Incluso las heridas que han cicatrizado no pueden no ser la memoria de esa angustia y de ese dolor. Lo sabemos, lo asumimos y lo atravesamos lo mejor que podemos.

Pero no todo, hijo mío, es la penosa tarea de reparación. Los desgarros de la trama también son una oportunidad. Oportunidad: de sacudirle el polvo a nuestras tradiciones; de hacernos preguntas dormidas bajo el manto letárgico de la obviedad; de apropiarnos con autenticidad de nuestra identidad, al confrontarla con lo diferente. Oportunidad, en fin, de percibir esa silenciosa vocación, esencial a nuestro ser, siempre acallada por el alboroto de la trama mundana.

Antiguamente, los sabios solían llamar a Dios Ha-makom, El Lugar. Y así, en un midrash talmúdico, se dice: "¿Por qué se denomina a Dios Hamakom? Porque es el lugar del mundo pero el mundo no es Su lugar." (Shemot Raba 45). Todo el Mundo está en El Lugar, pero El Lugar excede el Mundo, no se agota en él. El Lugar es En sof, Infinito, aquello de lo que todo se genera y en lo que todo se sustenta. Todo es en El Lugar: la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la virtud y el pecado, el camino y la perdición.

Cada religión, a su manera, propone una hoja de ruta para llegar a El Lugar. También, cada una tiene su forma de errar el rumbo, de traicionarse, siendo la más común que la idolatría del itinerario provoque la caída en el olvido del destino.

Ninguna religión es más perfecta ni más verdadera que otra.

La Verdad es como un poliedro de caras infinitas, cada una de las cuales es, a su vez, infinita. Nos es dado, por vez, habitar sólo una de esas facetas de la Verdad. Y como cada una es infinita, nos confundimos y creemos que nuestra verdad es única.

Nos confundimos con el Fundamento y, entonces, somos fundamentalistas. Nos confundimos con lo Absoluto y, entonces, somos absolutistas. La raíz de todo pecado es una confusión tal. Así entiendo lo dicho por Baruj, nuestro Rabí: "El pecado es una promiscuidad con Dios".

En este día tan importante, hijo mío, brindo por que asumas tu legado con devoción y alegría. Y que todo obstáculo, contradicción, sinsabor, o injusticia que se crucen por tu camino, en vez de detener tu marcha, te sirvan de trampolín hacia Hamakom, El Lugar: tierra de leche y miel, tierra prometida donde hasta el desgarro más profundo resulta bendición.

¡Lejaim!

Buenos Aires, 8 de Setiembre de 2007

Templo de la Fundación Pardés

Rabino Baruj Plavnick

Celebración del Bar Mitzvá de Nicolás Pragana

Escrito y leído por Guillermo Abel Pragana

guillermopragana@fibertel.com.ar

Mensaje de Norberto Stycber a su hijo Ivan en el día de su Bar Mitzva

"HOY QUE ME TOCA A MI SER EL PAPA PIENSO EN LO QUE APRENDI SIENDO TU HIJO EN LO QUE ME ENSENASTE SIN PRONUNCIAR TAL VEZ NINGUNA DE ESTAS PALABRAS

A INVENTAR MI PROPIA VIDA A CREAR DE LA NADA Y VOLVER A CREAR DEL FRACASO A CONSTRUIR LOS PROYECTOS Y RECONSTRUIR LOS ESCOMBROS REINVENTAR A HACER LUZ DE LA OSCURIDAD Y VIDA DE LA LUZ

A PERDONAR

A APRENDER DE LOS MAS SABIOS Y DE LOS MENOS A CAMINAR IGUALMENTE SOBRE EL FUEGO Y LAS CENIZAS

A SER HUMILDE Y ORGULLOSO

A SER VALIENTE Y CAUTELOSO A PROTEGER AUN CON MIEDO

A QUERER CRECER AUN SIENDO GRANDE A NUNCA DEJAR A NADIE ATRÁS A SER FELIZ AUNQUE CUESTE Y A COMPARTIR

NO SE SI LO HE LOGRADO PERO ES MI NORTE Y MI GUIA Y SIGO TRATANDO.

Estas palabras que escribí el día que vos naciste son un homenaje a mi papá y las recuerdo hoy, porque este día, y lo que estas haciendo hoy, también es un homenaje, una señal de respeto y amor por nuestros antepasados.

Los que gracias a Dios están aquí y los que por voluntad de Dios, ya no están.

Gracias a Pardes por albergarnos. Por darnos calor y refugio, por darnos guía espiritual y compañía. Por hacer de esta nuestra casa y agrandar nuestra familia.

Gracias a todos los que han venido a compartir este momento.

Gracias especialmente a Iván.

Porque Iván sabia que no estaba obligado a estar hoy aquí, que no estaba obligado a concretar este momento , que no estaba obligado a celebrar su Bar Mitzva, y fue una decisión voluntaria y sentida que él llevo adelante, con nuestro acompañamiento y eso lo hace para mí, (que deseaba mucho que esto sucediera) doblemente valioso.

Imaginen a un hijo recibiendo un premio Nóbel, ganando una Olimpiada, siendo abanderado de su escuela, eso les dará una idea del orgullo que siento hoy por lo que Iván esta haciendo.

En este proyecto participamos todos los integrantes de la familia.

Paula

Paula aportó su amor y generosidad de espíritu para concederme esta posibilidad de transmitir a nuestro hijo mi herencia, la tradición de mis padres y mi amor por mi religión y mi pueblo y también aportó su mirada critica para mostrarnos su propia visión de la espiritualidad mas abarcativa posible, la mas amplia y generosa que yo haya conocido en mis años de transitar esta búsqueda de Dios.

Gracias Paula por eso. Por tu amor, tu generosidad y tu mirada.

León

León aportó la curiosidad. El fuego. La intensidad. Ideas geniales y originales de cómo debería ser este momento…si el fuera el Bar mitzva. Si a eso le agregamos paciencia, -que no es una de sus mas vistosas cualidades-, en unos pocos años, todos nosotros estaremos invitados a un hermoso evento organizado por él.

Gracias León por eso. Por tu fuerza, tu presencia, y tu compañía permanente en este proyecto donde nos tocó ser acompañantes de Iván. Gracias por tu inmenso y evidente amor a tu hermano.

Iván.

Iván aporto lo más importante. El deseo. La búsqueda. La decisión de llevar adelante este proyecto. Quizás aun no sepas, Iván, que tal vez este sea el primer proyecto que lideras, donde un grupo de gente sigue tu idea y solo acompaña tus decisiones confiando en que serán las mas acertadas. Y lo fueron. Iván aportó el aplomo. La calma. Porque él tiene la virtud del océano. La fuerza del agua. Un poder inimaginable bajo una superficie de calma y hermosura. Solo sus ojos nos permiten sospechar los mundos que se desarrollan, con sus tormentas eléctricas, con sus guerras, con sus civilizaciones en progreso dentro de su extensa y creativa alma, durante esos ratitos en los que parece ausente. Iván aporto el equilibrio para incluirnos a todos, con nuestras diferencias, en su proyecto y hacernos sentir en cada decisión su respeto y amor por su familia. Gracias Iván por traerme hasta aquí. Hasta un puerto al que siempre quise llegar, y no me estaba garantizado conocer. Y aquí estoy. Feliz, orgulloso, emocionado y rodeado de mis amores, de mis milagros concedidos. No se me ocurre honor mayor que el que me regalaste hoy, que vistas el Talit, que hayas leído la Torá, me honran y te lo agradezco.

Y Gracias a Dios por este regalo que abro cada mañana y me vuelve a sorprender y a dar felicidad. Gracias por este milagro ocurrido en mi vida. Sin embargo como todos los puertos por los que pasamos en nuestro camino, no son lugares en los que nos podamos quedar. Este es un lugar de transito. Créanme si les digo que yo me quedaría a vivir aquí. Que eternizaría este momento. Que viviría feliz el resto de mis días dentro de esta foto. Aquí esta todo -y todos- lo que necesito para ser feliz. Y en este momento lo soy.

Ahora bien, hay algunas cosas que me gustaría decirte. Hoy nos contaste como te veías con relación a tu futuro, y fundamentalmente con relación a tu pasado. A tus antepasados. Como pensabas que ibas a ejercer tu judaísmo. Yo voy a ejercer mi judaísmo contando una historia para ilustrar lo que te quiero decir. Nada más judío que contar una historia. Cuentan que Goethe (el famoso escritor alemán) tardó en escribir su máxima obra, "El Doctor Faustus" toda su vida. Comenzó el libro a los veinte anos, dejó el proyecto varios años, tal vez por la necesidad de vivir una vida social, trabajar y ganar algo de dinero, pero la retomó a los cuarenta cuando sintió que su juventud había quedado atrás y que al doblar esa curva de la vida sus pensamientos habían cambiado. Habían mutado. Que algunos habían quedado en el camino y que otros habían crecido con fuerza en su corazón. Sintió que su personaje, el doctor Faustus, merecía enriquecerse de su experiencia de vida y volvió a escribir. El libro fue terminado a los ochenta anos. Poco antes de su muerte. Si seguimos al personaje podremos ver como la vida pasa ante sus ojos en sus distintas etapas. Podremos imaginar al escritor -que introdujo una nueva mirada-, pero no tachó las hojas escritas veinte anos atrás, no las rechazó con vergüenza, no las reescribió, no las criticó siquiera. Las asumió como escalones de una escalera necesaria y las completó. Se paró sobre ellas para poder ver un poco más allá. Probablemente y en tu relación con tu judaísmo esto mismo te vaya a pasar. Y esta bien que así sea. Vas a repensar tu judaísmo mil veces, te vas a acercar y alejar millones de veces. Lo vas a guardar durante algunos anos en un cajón junto con tu Talit y un día, sin aviso previo, lo vas a buscar ahí donde lo dejaste y lo vas a encontrar intacto completo y vivo. Lo vas a mirar desde otro lugar, lo vas a ver distinto de cómo lo recordabas la última vez que lo guardaste. Te vas a enojar, se van a pelear y se volverán a juntar sin rencores. Pardés nos enseña que el judaísmo esta vivo. No es un ritual vacío y automático. Cada uno de nosotros tiene el deber de recrearlo desde el lugar que nos tocó en esta vida. Esa es la tarea. Así lo mantenemos vivo para la siguiente generación. Mirándolo como si fuera la primera vez, peleándolo, criticándolo y amándolo. Fundamentalmente amándolo. Quiero que sepas que este sentimiento se puede olvidar pero no desaparece. Siempre esta esperándote. Siempre esta reservando tu lugar en este mapa. No hay otro que pueda ocuparlo por vos. Es tu tarea y vos vas a decidir como llevarla adelante. Y lo mejor de esto es que decidas lo que decidas va a ser la decisión correcta. Cuentan que Rab. Suzia lloraba en su lecho de muerte. No por la tristeza de morir, sino por la preocupación de que al llegar al cielo, Dios le preguntaría. No, porque no fue como el Baal Shem Tov, sino porque no fue mas Rab. Suzia. Es decir, él mismo. Eso es lo que Dios pretende. Que seas vos mismo. Que dejes tu huella. Única.

Desde hace muchos anos que venimos a Pardés, estuve en muchísimos Bnei Mitzva y cada Bar Mitzva que veía, tenía tu cara.

Pero hoy, paradójicamente, miro tu cara, y veo a mi hermano mayor, haciendo su Bar cuando yo era muy chiquito, y lo admiraba. Y a mi papá, a mis zeides, a todos los hombres de la familia que antes que vos pasaron por aquí. Fueron recibidos por la comunidad. Y tuvieron el honor de leer por primera vez la Torá. Dejando atrás su niñez.

Una de las cosas que aprendí con la Torá es que nunca un ciclo termina sin empezar otro. Cuando leemos el último párrafo de la Torá, casi sin interrupción, con el mismo respiro, leemos otra vez el primero, Bereshit, el Génesis. Cada final trae en sí el embrión de un nuevo comienzo, cada muerte trae en sí misma una nueva vida, cada final de una etapa, trae el inicio de una nueva. El Alfa y el Omega son para el pensamiento Judío una sola cosa. El Omega y el alfa.

Es como si a través de nuestra vida viviéramos mas de un nacimiento.

El primero el del vientre de tu mama.

Y este, donde vos recreas tu persona y te convertís en algo mas., el nacimiento de un nuevo Iván. Un nacimiento por decisión propia.

Con el Brit Milá (la circuncisión) sellamos el pacto que nuestros patriarcas hicieron con Dios, pero también significamos que la obra de Dios esta incompleta y que es nuestra misión completarla.

En el Bar Mitzva nos comprometemos a realizar esa tarea. Concluir la tarea de Dios.

En ese momento recibiste un nombre hebreo y hoy lo asumís. Lo encarnas, lo haces propio. Le vas a dar vida.

Hoy por primera vez al subir a la Torá te llamamos por tu nombre.

JAIM BEN MORDEJAI. (Jaim hijo de Mordejai)

Y a mí por mi nombre MORDEJAI BEN SHMUEL (Mordejai hijo de Samuel)

Y a mi papá por el suyo SHMUEL BEN BERL (Samuel hijo de Bernardo)

Y así logramos que todos los que pasaron antes que nosotros estuvieran presentes y vivos en este momento.

Esto es lo que yo, en definitiva, te voy a dejar. Historias, cuentos, ritos, tradiciones.

Lo que recibí de mis padres y mis hermanos mayores que antes que yo transitaron el camino ya transitado. Y cada vez de una manera distinta.

Así como también recibís las de tu mamá. Con una abuela raptada por su amante a los trece años. Del cruce de la frontera entre Gibraltar y España, llamada "Línea de la Concepción", con un bebé escondido, no para protegerlo de los Nazis, sino para poder anotarlo como español y no como el odiado Ingles. La misma que viajó a la Argentina buscando a su marido sin la menor idea de donde encontrarlo e ingenuamente empezó la búsqueda por la calle Herrera. Simplemente porque ese era el apellido de su hombre. El milagro de esa historia es que meses después golpeó una puerta que abrió él. Que le dijo algo así como: Adelante mujer, ya era hora. Que aquí hay mucho trabajo por hacer.

Esta, Iván, es tu herencia. Este es tu aporte único al pueblo judío, porque esto, a pesar de lo que algunos piensen, solo suma. Esta sangre nueva, estas historias nuevas que traes con vos, enriquecen nuestra historia y nuestra tradición.

Te deseo que siempre estés orgulloso de tu nombre y de tu origen.

Ojala hayas recibido mi amor por la Torá, ojala te sirva de guía, de consuelo, de compañía.

Hay una braja que debe decir el papá del Bar Mitzva (por lo menos antes se decía). que dice.

Baruj Ata A' Eloheinu melej haolam sheptarani meonesh halazé.

Y significa que agradezco a Dios que me haya relevado de la responsabilidad de tus actos. A partir de hoy, hijo mío, sos responsable de tus actos morales. Asumimos,- los miembros de esta comunidad,- que sabes distinguir entre el bien y el mal. Es lo que esperamos de vos en esta etapa de tu vida. Y serás respetado en tus decisiones en igual modo. Y te damos la bienvenida como un integrante más con plenos derechos y obligaciones.

No hay mucho más que yo pueda hacer. De alguna manera mi trabajo termina acá.

De aquí en más me queda aprender a acompañarte en tu camino. Ya no mas adelante tuyo guiándote, sino un paso atrás, y en el mejor de los casos, si vos me dejas, a tu lado. Acompañándote.

Ojala confíes en que estaré allí donde y cuando me necesites, para consultarme, para contarme, para enojarte conmigo, y cuando un día te alejes, te puedas llevar esto.

El día de hoy, sin dudas ya esta adentro tuyo. La enseñanza de este día, ya es tuya. Las letras de la Torá, y las Brajot ya son tuyas. Usalas! usalas con sabiduría, con amor y con generosidad, porque esta luz que recibís hoy ha sido creada para ser esparcida, no puede ser guardada y no puede ser extinguida. Su alma es divina e inmortal, se hace carne en nuestros cuerpos y se hace letra en nuestros libros.

Tenés todo lo necesario en vos para ser considerado un adulto, un par, solo te falta experiencia. Experiencia significa, probar, intentar, conocer, equivocarse.

Equivocate, investiga, descubrí, volvé a equivocarte, siempre que sea con tu corazón limpio, con una buena y sana intención, tus acciones y tus proyectos serán bendecidos.

El fracaso no existe. El fracaso es dejar de intentar la felicidad.

El éxito esta en la acción. No en el resultado.

Yo sé que se lo estoy diciendo a un ariano. Así que de todos modos lo harás.

Que Dios te de muchas experiencias para que te completes como ser.

No te olvides de esta casa, no te olvides de tu niñez, no te olvides de tus tradiciones, porque así como " al árbol se lo admira por sus ramas pero vive gracias a sus raíces", así nosotros, parte del pueblo judío, milenario, errante, cambiante y eterno somos las ramas de un árbol que necesita de sus raíces para vivir. Y un día, sin darnos cuenta, nos convertimos en raíces para que otras ramas florezcan.

Como yo, el día de hoy.

Iván, este es tu árbol, esta es tu familia. Además de la de sangre, la que se reunió hoy en este templo para bendecir este día, para bendecir tu futuro y compartir tu alegría.

Dicen que hay tres cosas que hay que hacer en la vida. Plantar un árbol, Tener un hijo, Leer un libro.

Yo haría una versión libre. Ser parte de un árbol, educar a un hijo, Leer El libro. (La Torá)

Hoy, hijo, hiciste la que dará inicio a las otras dos. Y el tiempo, solo tu propia experiencia de vida, te explicaran cuan relacionadas están estas tres cosas.

Así como Dios hizo el mundo con la palabra, nosotros hacemos nuestro mundo con nuestro pensamiento. Lo que quieras ser, serás.

Hace tiempo Baruj, mi maestro, me trasmitió una frase, que se convirtió para mí en un Mantra, en una canción privada que en muchas oportunidades ha alejado al miedo de mi corazón. Te la paso hoy, porque seguramente sentirás miedo, ningún adulto esta exento del miedo. Pero en ese momento quiero que recuerdes que el miedo pasara y que no estas solo.

Al tira Israel, al tira.

Ki gur arie alo ata,

uk she arie ishag

mi lo ira, mi lo ira.

No temas, pueblo de Israel, no temas,

porque un cachorro de León eres tú,

y si el León ruge,

quien no temerá. quien no temerá.

Iván, sos hijo de un pueblo milenario. Sos un príncipe de Israel. Sos un modelo del judío de este siglo nuevo. Que deberá descubrir, crear y encontrar su propio camino en este mundo nuevo, distinto e igual que hace mil generaciones.

Tu Talit es el símbolo de la protección de Dios sobre nosotros.

Que nunca te pese, ojala se convierta en las alas que permitan a tu espíritu, volar.

Dios esta EN vos y hagas lo que hagas SIEMPRE será así.

Gracias.

Carta de Rosana Rubin a su hija Cami en el dia de su Bat Mitzva

Cami:

Quiero decirte que estoy muy feliz. Me hace feliz que hayas tomado esta primera elección trascendental, esta elección que tiene que ver con la formación de tu identidad, que te sientas libre de hacerlo.

Que el judaísmo, aunque no sea mi origen, es parte de mi vida hace ya 20 años y que sé que va a ser un buen referente y apoyo en tu crecimiento y en tu vida.

Cami, quiero que sepas que la vida es una constante elección, que esta es seguramente la primera de las más importantes, y que me llena de alegría que hayas sabido llevarla adelante con un convencimiento tan fuerte.

Que de ahora en más vendrán muchas otras y qué sé que con tus valores é