Estimada Dr. Paula,
He sido criado como judío pero nunca me sentí conectado con la religión. Cuando me casé hace 5 años, sentí que no iba a tener problemas de criar a mis hijos en la religión de mi esposa católica. Nuestros 2 hijos menores han sido bautizados y nosotros, como familia, festejamos las festividades católicas. Recientemente, uno de mis hijos enfermó seriamente, lo que causó en mí la fuerte necesidad de reconectarme con mi judaísmo. Siento que la mejor forma de hacerlo es a través de las ceremonias y rituales judíos compartidos con mis hijos. Cuestiono seriamente el compromiso que tomé anteriormente con mi esposa acerca de la identidad religiosa de nuestros hijos. Creo que cometí un terrible error.
Podrías ayudarme?
David
Querido David,
El tema que traes en tu carta está en la mente de muchas parejas interconfesionales que eligen una religión para sus hijos. Es por eso que muchas parejas evitan elegir una religión para sus niños. Comúnmente la pregunta es: ¿qué pasa si me comprometo hoy a algo que luego no podré cumplir? ¿Qué si mi pareja se compromete conmigo con algo que luego no podrá sostener?... Verdaderamente en el corazón de cada pareja cuando elige criar a sus hijos en una religión está la pregunta: ¿qué pasa si mi forma de sentir cambia con el tiempo?
Tu sentir acerca de tu propia religión y la de tu pareja puede variar con el tiempo, con la vida, con las cosas que les sucedan. A menudo una enfermedad propia o de los hijos motiva la necesidad de reconectarse espiritualmente con la religión. La enfermedad o muerte de un pariente, o la vivencia de cualquier tragedia puede traer cambios en las necesidades religiosas de las personas. Debes tener en cuenta que esto es un cambio en tus necesidades adultas o en las necesidades de tu pareja. Aunque has mencionado la enfermedad de tu hijo, no has mencionado la necesidad religiosa de tu hijo, sino la tuya. Por lo tanto yo apoyaría que te centres primero en tu búsqueda religiosa, en lugar de hacer foco en el cambio de religión de tus hijos.
Mientras luchas con la enfermedad de él, fortalece la conexión con tu propia fe, con el apoyo de tu pareja católica. Esto seguramente te traerá consuelo.
Con relación al compromiso inicial de educar a tus hijos en la fe católica, igual que todo compromiso, es importante la autenticidad. Sentir que tu elección es verdadera. Tienes que poder confiar en que haces buenas elecciones aunque tengas momentos de arrepentimiento. Tienes que poder confiar en la posibilidad de hablar con tu pareja acerca de tus sentimientos de arrepentimiento.
Confía en tu habilidad y en la disposición de tu pareja para comunicarse mutuamente sus sentimientos y necesidades.
Dejemos un poco pasar el tiempo. Cuando tus necesidades se vean más cumplidas, podrás evaluar mejor qué es lo que tu reconexión con la fe significa para tu familia. Espero que sientas que el judaísmo aporta sentido a tu vida personal. Es también mi deseo que tu hijo se mejore para que este momento difícil para vos y para tu familia encuentre alivio con el paso del tiempo.
Dr. Paula
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Seis meses atrás, con mi esposo Aarón, descubrimos que estaba embarazada. Junto con la excitación y la alegría , mezclada con un poco de miedo por lo que nos espera, apareció también otra sensación: el temor de abrir viejas heridas. Había que levantar la alfombra bajo la cual fuimos escondiendo todos los desacuerdos religiosos, fuentes de posibles conflictos, que fueron surgiendo durante los últimos 2 años y medio.
Aarón y yo nos conocimos hace 5 años en Inglaterra siendo estudiantes. Allí comenzó esta extraña historia de amor entre un judío de Texas y una joven católica francesa. La realidad es que la religión no fue un tema para nosotros durante el primer mes. Pero sí pasó a serlo cuando empezamos a pensar en un futuro juntos. ¿Dónde casarnos y tener hijos? Aarón deseaba que yo me convierta al judaísmo. Mi contacto con lo judío había sido muy limitado. Sólo a través de algunas películas… con lo cual no lograba entender su necesidad de que me convirtiese. Sentía que podíamos acomodar las dos religiones en nuestras vidas. Sin embargo, admiro la fortaleza de sus creencias y su sentido de pertenencia. Yo me crié como católica pero mi religión era sólo eso, una religión. Lo de Aarón trascendía ese concepto. Era su infancia, su identidad, su cultura. Le dije que por ahora no podía convertirme pero, con el tiempo reconsideraría el tema.
Cuando volvimos a Texas, comencé mi estudio de la tradición judía. A través de meses de estudio, consideraciones y discusiones encontré en el judaísmo un montón de bellas tradiciones que me entusiasmaría trasmitirle a mis hijos. Sin embargo, si bien judaísmo es amor y familia también a menudo es intolerancia y rigidez. Para convertirme necesitaba un llamado verdadero, lo suficientemente profundo como para abandonar mis propias raíces. La magnitud de lo que se me pedía era obvia. No podía convertirme sólo por el bien de Aarón. Le prometí que lo ayudaría a formar un hogar judío pero, no sentía la necesidad de convertirme para lograrlo. A pesar de no estar de acuerdo, lo aceptó. Nos casamos 1 año más tarde, intercambiando nuestros votos en una ceremonia civil en Francia y en una ceremonia judía en Texas. Ambas ceremonias demostraron tolerancia y armonía: las oraciones y los símbolos que elegimos reflejaron nuestra espiritualidad y nuestra amplitud.
La verdad es que apenas nos aproximamos a algunos temas... ya sea acerca del árbol de Navidad, o, si colegio hebreo, o, si guefilte fish... no éramos capaces de llegar a una sola decisión. Creíamos estar preparados para el día en que un niño llegase, pero era un pensamiento ingenuo, no lo estábamos.
Durante nuestros primeros 2 años de matrimonio, Aarón y yo tratamos inconscientemente de evitar todo posible conflicto entrando en una especie de larga hibernación religiosa.
El embarazo hizo que Aarón volviese a tomar conciencia que, nuestro hijo no crecería en el modo en que él lo hizo, inmerso de lleno en un hogar judío. La carga de darle una educación judía pesaba principalmente sobre sus hombros: como hombre que vive lejos de su familia ¿cómo lo lograría? ¿Por dónde empezaría? Lo más importante fue que la novedad del embarazo hizo resurgir sentimientos reprimidos: la culpa de haber aceptado casarse con una no-judía, y el temor de no poder decirme lo que sentía y era que yo había roto mi promesa de convertirme.
Por mi lado, me confronté con mi antigua promesa de criar a nuestros hijos como judíos. Era diciembre, Navidad estaba a la vuelta de la esquina. Recordé la alegría que esta época me traía en mi infancia y culpé a Aarón por privar a mis hijos de esa hermosa tradición.
A pesar de mi deseo de no conocer el sexo de mi bebe, me di cuenta que debería saberlo para prepararme para la posibilidad de tener un varón y tener que hacer una ceremonia de BRIT (circuncisión). Sentí pánico cuando imaginaba 400 personas en mi casa observando la mutilación de mi hijo frente a mis padres horrorizados.
Esta vez parece que no será necesario un Brit, pero la perspectiva de una ceremonia de SIMJAT BAT también trajo tensión. Aarón desea celebrar esta ceremonia en Texas con sus abuelos, ambos sobrevivientes de la SHOA. Antes de hablarlo conmigo, lo habló con su madre. De más está decir que me disgusté...... me sentí abandonada y traicionada. Aarón se disculpó, admitiendo que sólo había consultado para saber si su sinagoga conservadora aceptaría celebrar la ceremonia siendo que la madre de la beba no había celebrado su conversión.
El camino del equilibrio y la armonía en lo religioso es arduo y largo. Lleno de malos entendidos y enojos. No estábamos preparados para el día en que viniesen los hijos. Aún no lo estamos. En cuestiones de paternidad indudablemente aún tenemos que crecer. El embarazo es real. Hay una beba por nacer. Y nos fuerza a enfrentarnos a las cruciales diferencias que tenemos como pareja pero también nos da la oportunidad de superar la etapa de puros dilemas intelectuales para tomar las correctas y concretas decisiones para ella y para nosotros. Seguramente necesitaremos soporte y sabiduría, deberemos confiar uno en el otro a través de este viaje en busca de nuestro destino. El punto de partida es que nuestra hija merece un ambiente de paz donde la confusión y la frustración no tengan cabida, y nosotros también lo merecemos. Unidos por un amor que trasciende nuestras diferencias estamos profundamente comprometidos con esta tarea.
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Hace 20 años atrás, durante las vacaciones de invierno en Florida, mi hija mayor, Débora, llamó y plena de excitación me contó la gran noticia: el maravilloso joven Stefan, quien vivía en frente de casa, acababa de volver de su viaje de 2 años por África y le había propuesto matrimonio, ella aceptó. Yo estaba inmensamente feliz por ella. Pero mi felicidad se empañó cuando supe que este maravilloso hombre (cuya familia conocíamos muy bien) era hijo de un matrimonio mixto: una devota madre Católica y un padre no practicante Protestante.
Algo debe haber percibido ya que me preguntó si asistiría a la boda. Ella nunca supo lo que sentí, y seguramente se enterará qué es lo que me pasó cuando lea este libro. Yo le aseguré a mi hija que asistiría a su boda aunque me encontrase en el Himalaya, aún si eligiese casarse en shabat.
De cualquier modo se percibía cierto malestar, por más maravilloso que fuera el joven y su familia, él no era judío, y apareció el temor que va asociado a casamientos mixtos : es decir la asimilación… Siempre soñé con nietos judíos porque amo el judaísmo.
Como a muchos de ustedes seguramente les ha pasado me pregunté si había fallado en algo en la transmisión del judaísmo. Comparto y comprendo vuestro dolor.
La historia de mi hija tuvo un final que le deseo a todo padre. Mi hija y su marido no judío tienen 3 hermosos hijos, criados dentro de la tradición judía, en un hogar poblado de símbolos y tradiciones de la herencia judía.
Stefan está muy satisfecho con la educación que decidieron ofrecer a sus hijos y con el hecho que los niños se identifiquen a sí mismos como judíos. Si bien él no se convirtió, es un entusiasta partícipe de los kabalot shabat (ceremonia judía para recibir al sábado que tiene lugar los viernes por la noche en las sinagogas) , y de otras festividades. Me considero una persona afortunada.
Escribo este libro con la esperanza que algo de mi experiencia familiar en relación a estos temas sea de ayuda a otros que lo necesiten. Escribo no desde la perspectiva de un rabino o profesional comunitario, sino como un miembro activo de la comunidad judía e intento que mi experiencia sirva de guía en cómo tratar estos delicados temas.
Estos asuntos se disparan cuando jóvenes criados como judíos, en hogares judíos y por padres judíos deciden casarse con un no judío.
No estas solo
En la mayoría de las familias judías la primer reacción será la de apartarse y preguntarse ¿por qué nos pasa esto a nosotros?
Recientemente el tema tomó más importancia a raíz de haber salido a luz una publicación que informaba que el número de casamientos de judíos con no judíos aumentó entre 1985 y la actualidad de un 52% a un 60%.
Hoy hay alrededor de 1.000.000 de hogares donde uno de los adultos es de origen judío mientras que el otro no lo es. El incremento de las parejas inter confesionales se da por 3 factores que estuvieron ausentes en generaciones anteriores: libertad, buena voluntad, aceptación.
Diferente a la realidad de hace 50 años, donde muchos barrios estaban cerrados a judíos, hoy los judíos viven donde quieren, trabajan donde quieren y por ende se pueden casar con no judíos.
Los cupos de judíos, fenómeno común después de la 2° guerra no existen más. Los judíos entran sin cupo en cualquier universidad, etc. Lo mismo ocurre en relación a lo laboral y que mejor lugar para encontrar pareja que el barrio, la escuela o el trabajo…
En segundo lugar los judíos están más predispuestos a casarse con no judíos que una generación atrás.
Finalmente, americanos no Judíos aceptan más fácilmente casarse con judíos. La encuesta acerca de la opinión pública nacional sugiere que la aceptación del judío como pareja creció de un 45% en los tempranos 1960 a cerca de 80% en los fines de 1980.
La creación y el éxito del Estado de Israel, la elección del Senador Joseph Lieberman como el primer candidato judío a vice - presidente del partido Demócrata, ayudó también a cambiar muchos aspectos del estereotipo judío.
Asimismo los movimientos por los derechos civiles en los Estados Unidos, en los cuales los judíos han sido visiblemente activos desde 1960 cambió la percepción de los límites intracomunitarios. De hecho las fronteras sociales se han tornado tan porosas que judíos por nacimiento pueden alejarse con la misma facilidad que no judíos pueden involucrarse.
En nuestra sociedad abierta cada judío es literalmente judío por elección.
Esta realidad nos hace reconocer que el judaísmo de cada familia debe ser nutrido y renovado tanto en los hogares donde ambos miembros son judíos de nacimiento como en aquellos donde uno de ellos es judío por elección o no judío.
Nosotros no debemos excluirlos, ni debemos abandonar a sus niños al poder de la asimilación en la "gran cacerola de la fusión americana". Ellos son judíos. Nuestra tarea debe ser incrementar el porcentaje de aquellos que escogen volverse judíos totalmente o por lo menos, infundir más judaísmo en sus vidas.
Sentimientos en perspectiva: Ustedes y Nosotros
Por múltiples razones, los padres y abuelos tienden a perturbarse cuando se enfrentan con la perspectiva de un matrimonio mixto, incluso cuando no tienen ninguna objeción respecto al joven que será su yerno / nuera. Generalmente son los judíos los que más se oponen, en parte por sus lazos con el Judaísmo, en parte por sus preocupaciones por la supervivencia judía y también por las sospechas sobre el antisemitismo cristiano. Los padres cuyos hijos arman parejas inter confesionales sienten alguna culpa personal y se preguntan qué hicieron mal.
Rabbi Rachel Cowan -ella misma convertida al Judaísmo después de muchos años de matrimonio mixto- observó que cuando se casó con Paul, (nacido y más tarde re-nacido judío), no creían estar haciendo nada mal… ellos simplemente se amaban, ¿existe algún mejor motivo para casarse?
Casi todas las parejas inter confesionales articulan las mismas razones. ¿Por qué, entonces, será que tantas familias judías de la recientemente comprometida pareja tiene una mirada diferente? La preocupación práctica es a menudo una de las razones. Como la proporción del divorcio americano sube tan rápidamente como la proporción de matrimonios mixtos, los padres tienen preocupaciones legítimas sobre la tensión adicional que la diferencia religiosa y la herencia étnica instalan en el delicado equilibrio del matrimonio. Muchas familias tanto Cristianas como Judías tienen compromisos profundos con su religión que involucra emociones, familia, comunidad y teología. Muchos judíos también reconocen el papel central de la familia y la casa transmitiendo la singularidad de Judaísmo, su universalismo y énfasis en la educación, estudio, y caridad (tzedakah). Ellos temen, con alguna justificación que en esas casas estos valores serán demasiado difíciles de transmitir ya que no podrán unificar el mensaje dirigido a sus hijos.
Desde el punto de vista de padres judíos, hay dos preocupaciones adicionales por lo menos. Primero, nosotros los judíos somos un grupo muy pequeño no más de trece millones en un mundo cuya población asciende a cinco mil millones ahora. Por consiguiente, el matrimonio mixto es visto por muchos judíos como una amenaza a la supervivencia del grupo judío, por supuesto que hay otros judíos que lo ven de otros modos.
En segundo lugar los judíos suelen ver en los cristianos la mayor amenaza de la supervivencia judía de los últimos 2 milenios y más específicamente suelen sentir que la iglesia es la mayor fuente de antisemitismo a través de los años. -el matrimonio mixto es percibido como una traición.
Las parejas jóvenes a menudo olvidan estas preocupaciones paternales. Ellos no comparten nuestra alarma sobre su futuro, comprensiblemente, ellos sólo se ven como únicos y preciosos individuos y no pueden ver que la pertenencia a diferentes grupos puede transformarse en causa de separación y pérdida de identidad.
Interesantemente, el tiempo que rodea el compromiso y casamiento normalmente también es un tiempo de gran interés en historia familiar y en la cultura heredada. Los padres de parejas inter confesionales necesitan tener especial cuidado para que no se filtre el resentimiento que la falta de interés en las tradiciones judías les genera. Es más útil encontrar maneras de alistar la curiosidad de la pareja joven sobre la historia familiar a través de compartir historias con admiración seductora, empatía, y emulación.
Por ejemplo, describiendo con un poco de humor el cortejo de abuela y abuelo, ilustrado por fotografías, si es posible, es una manera amena de armar un tejido sutil de atadura entre el joven, su familia y su herencia judía. Usted no debe enfatizar aquello que diverge de las normas familiares judías. Por el contrario debe ayudar a un nuevo hallazgo de la pareja, una manera de forjar un eslabón que los ligará a esas normas con respeto. Abrales el tesoro de sus propios recuerdos familiares, sea en conversaciones o cartas. Éstas pueden ser bien las primeras herencias de familia con las que ellos nutran de judaísmo su propio nuevo nido.
Cómo no reaccionar... y Cómo si
Desde el primer momento que sepa que es intención de su hijo casarse con un no judío, es probable que usted experimente una variedad de sentimientos poderosos: los sentimientos de fracaso personal o culpa ("¿que hicimos mal?"), sentimientos de traición (¿"Por qué está haciéndonos esto a nosotros"?), sentimientos de vergüenza (¿"Qué dirá el abuelo"?) y sentimientos de alarma genuina sobre su hijo o el futuro matrimonial de él ("¿Cómo van ellos a poder criar a los niños? ¿Cómo superarán ellos sus propias diferencias"?). Peor todavía, las ansiedades alrededor de estos temas pueden, en algún momento, disparar conflictos incluso entre los padres…las recriminaciones: "Si hubiera sido un mejor 'judío todo esto no estaría pasando ahora." Evítese estas recriminaciones y concéntrese, en cambio, en todas las cosas maravillosas que usted puede hacer para celebrar la continuidad de su vida judía con sus hijos intermarried y sus nietos.
Hay momentos en que los sentimientos de ansiedad sobre el futuro judío de nuestros hijos y nietos pueden suscitar conversaciones con ellos o con los suegros que probablemente generan considerablemente más calor que la luz. Su volumen y intensidad pueden echar sombras. Nosotros debemos intentar ser más cautos con nuestras palabras, con nuestros hechos e incluso con nuestro lenguaje corporal. Su hijo /a y su novio /a no-judío serán sumamente sensible a lo que digamos, hagamos, y a nuestros modos de actuar. La actitud del integrante no-judío hacia la familia y posiblemente hacia la propia herencia judía puede ser coloreada para siempre por nuestras reacciones iniciales.
Para asegurar las relaciones futuras en la familia, es vital que nosotros aceptemos las elecciones de nuestros hijos y colaboremos positivamente con la boda. La palabra mágica es dar la bienvenida al nuevo integrante tanto en la familia como dentro de la comunidad judía más amplia.
Al enterarse del futuro matrimonio seguramente se pondrá a discutir sobre cuál rabino oficiará la boda y sobre los planes de la boda ( fecha, etc.), conversión, o religión de los nietos. Le sugiero que empiece a charlar con su propio hijo /a, y sólo en un segundo momento con la pareja no judía. En el futuro, también habrá que dar la bienvenida a la familia de la pareja.
Dar la bienvenida no significa ser deshonesto con su hijo, o con su pareja, ni siquiera significa enterrar sus sentimientos o deseos hacia el Judaísmo y sus valores sino significan dar primacía a la vida familiar judía. Sus sentimiento respecto a la herencia y sus tradiciones son auténticos y legitiman la preocupación que siente hacia la joven pareja. ( "Nosotros vamos a casarnos en una mañana del sábado con el tío de Nancy que es sacerdote"). La discusión abierta será beneficiosa para todos. Pero tenga cuidado con las palabras. Juzgue a su hijo y a su pareja como a una persona, no como al representante de una nacionalidad, religión, partido político, o cualquier otro grupo de pertenencia. Esto vale de igual modo, por supuesto, si su hijo o hija se casan con alguien que es de origen judío y americano.
Hay una gran diferencia entre compartir sus sentimientos más profundos y preocupaciones con sus hijos y usar esos sentimientos como herramientas para intentar manipular sus vida. Intente evitarlo. La honestidad con se conduzca será el mejor indicador de lo que está intentando hacer.
Si quiere que la pareja de su hijo ayude a mantener una casa judía o imparta tradiciones judías a los niños, evite los comentarios que sugieren que la pareja ha hecho algo malo casándose .
Eviten los comentarios sobre matrimonios mixtos que se oyen a menudo en círculos judíos, como esos que dicen: "que vergüenza," o "es un pecado," o " es la segunda muerte del judío". No se refiriera al matrimonio de su hijo como un "una plaga" o "pernicioso" o con cualquier otro nombre o adjetivo peyorativo que sólo sirven para herir y alienar. En la mayoría de los casos, el matrimonio mixto de nuestros hijos no es un rechazo a nosotros, a nuestra fe o a nuestra comunidad. Nuestros jóvenes no se casan con el objeto de castigarnos, ni es esto causa de culpa. Por consiguiente, las palabras que usemos al discutir su relación deben ser positivas y respetuosas. Después de todos, se han enamorado de nuestros sus hijos.
Palabras que estigmatizan, como "el goy," "momzer" o (dependiendo de género) "shikseh" o "shaygetz" son completamente impropias, particularmente como referencias a alguien que es probable que sean el padre de sus nietos. La pareja y su matrimonio no deben ser tolerados, perdonados o tratados con condescendencia. Nuestros jóvenes son maravillosos y se están embarcando en una vida que puede ser maravillosa y están aceptando el desafío de una nueva aventura. Ellos necesitan y merecen su apoyo y sus buenos deseos. Con ese apoyo y esos deseos seguramente en poco tiempo habrá una familia Cristiana más con una mirada favorable hacia los judíos, el Judaísmo e Israel y mejor aún puede haber un nuevo integrante judío y nietos judíos.
¿Qué pueden lograr los padres judíos realmente?
Nosotros hemos hecho nuestra más gran contribución a la continuidad del pueblo teniendo y criando a un hijo judío. Eso no cambia. Son ellos quienes escogen casarse con una persona que no es judía. Ningún padre puede tener el poder de prohibir o prevenir el matrimonio mixto de sus hijos o insistir en la conversión de un novio no-judío o exigir que ellos celebren una boda judía; o que críen a sus niños en el futuro como judíos. Aproximadamente el cuarenta por ciento de rabinos reformistas y reconstructionistas ofician ceremonias entre una persona judía y una no-judía.
Lo que los padres judíos pueden lograr para el futuro judío de sus hijos y nietos no está en el camino de mando, insistencia o manipulación. Más bien, está en el reino de la guía amorosa poniendo pensamiento y sensibilidad a disposición de las necesidades expresadas por la joven pareja. En ese armazón ancho no hay nada que nosotros no podemos discutir como adultos maduros con nuestros hijos adultos igualmente maduros y aún con nuestros nietos. En el análisis final, la pareja tomará sus propias decisiones sobre todas los temas que son importante para ellos.
Es importante que nuestros hijos sean conscientes que nosotros como padres entendemos esto. Dada la importancia que sus decisiones tienen para nosotros, podemos y debemos discutir nuestras preocupaciones francamente con ellos de un modo sensible, respetuoso y maduro.
Ciertamente no debiera ocurrir que ellos tomen decisiones importantes como casarse o cualquier otra opción de vida significativa sin el beneficio de la guía y opinión paternal. Ser maduro y respetuoso en la guía que se les ofrece es un esfuerzo que debemos hacer. Enfuruñarse sólo llevará a herir.
Los esfuerzos de guía generalmente son exitosos si los padres y abuelos ofrecen su sabiduría, conocimiento y experiencia como un recurso para la pareja joven, en lugar de imponer normas . El éxito de tales esfuerzos depende grandemente de nuestras propias habilidades de comunicación así como de las de nuestros hijos y suegros. Ellos son suficientemente adultos para casarse, independientes para tener sus propias convicciones, para saber lo que es importante para ellos y sensibles para mantener a la familia unida.
Estos son algunos de los problemas que la joven pareja querrá compartir junto con las diferentes etapas de la vida.
Construyendo puentes con sus consuegros no- judíos
Aún cuando los nietos sean criados como judíos, tendrán abuelos que continuarán celebrando Navidad y Pascua. Y ustedes tendrán que aprender a vivir con este hecho. Necesitan aceptar que sus nietos estarán expuestos a esas festividades con sus símbolos religiosos y no-religiosos.
El matrimonio mixto, se dice irónicamente, elimina los conflictos familiares respecto de en qué casa se festejarán los primeros Sedarim (cena de la festividad de Pesaj). Sin embargo, el matrimonio mixto exacerba el "Dilema de Diciembre". En muchas familias judías y en las interconfesionales Januca ha asumido más importancia que la que tenía histórica o teológicamente entre los judíos.
Invitar a los suegros no-judíos a nuestro Seder o a participar en Januca o en otras celebraciones, compartir una cena de Shabat, son maneras encantadoras de comenzar a llenar el vacío de información y generar situaciones de reparación para los que se sienten doloridos.
El matrimonio mixto de su hijo puede transformarse en la oportunidad de volverse un judío mejor informado. Su hijo no-judío - o nuera y su o sus padres lo verán como un experto en costumbres judías, practica y teología. Ese será un buen entrenamiento para cuando llegue el tiempo en que los nietos empiecen a preguntar por los mismos asuntos, interrogándolo sobre las actitudes judías hacia la Cristiandad y su teología y rituales. ¿Cómo va usted a contestar sus preguntas sobre la Divinidad, la Trinidad, el Bautismo, Comunión, Expiación y vida después de la muerte?
texto extraído de www.joi.org con autorización
La visita pastoral del Papa Juan Pablo II a los Estados Unidos reavivó las anécdotas judeo-cristianas. Una de estas historias cuenta la conversión de Cohen al catolicismo, por razones desconocidas. Los Caballeros de Columbus organizaron un banquete en honor a Cohen. Convocado a hablar, Cohen miró a su audiencia de curas, obispos y monseñores, y comenzó su discurso: "Estimados Goim".
El humor judío de este género tiene por objeto consolar. Implica que la conversión no "prendió". Un judío sigue siendo siempre judío. El verdadero desafío para la identidad judía llega menos desde la conversión exterior que desde la "desconversión" interna. No es la cruz, sino el guión el que disuelve la identidad judía. El guión judeo-cristiano se transforma en un signo de identidad.
Luces azules y blancas, instalaciones verdes y rojas, buñuelos de viernes santo o latkes. La amenaza deriva de la noción común que en lo profundo el judaísmo y el cristianismo son religiones mellizas sin diferencias significativas.
EN EL ESTUDIO DEL RABINO
Los dos -atractivos, inteligentes, jóvenes, y muy enamorados- ingresan a mi estudio, Sam, judío, y Peggy, cristiana. Su tema es casarse y aspiran a encontrar un rabino lo suficientemente liberal como para oficiar en esta unión mixta o conjuntamente con un sacerdote liberal. Ninguno busca conversión. Ellos buscan una "igualdad de oportunidad" clerical.
Cada uno de ellos tiene un vago vínculo sentimental con la fe en la que crecieron y una genuina fidelidad hacia sus padres. Han resuelto cuidadosamente el dilema de la crianza de los hijos: les ofrecerán lo mejor de ambas civilizaciones religiosas.
"Si es un varón le haremos la circuncisión y lo bautizaremos" coincidieron.
No veían ningún conflicto en este acuerdo. En cambio están convencidos que la sabiduría del Viejo y del Nuevo Testamento enriquecerán sus vidas y confirmarían al profeta Malaquías (12:10): "Acaso no hemos sido creados por un Padre? Acaso no hemos sido hechos por un Dios único?" Toman coraje de lo parecidas que son sus tradiciones hermanas. Ellos ofrecen una neutralidad benigna hacia las creencias propias y las del otro.
La discusión avanza. En un punto, quizás producto de la frustración, pregunto que opinan si oficiara simultáneamente de Rabino y de Cura.
Quedaron desconcertados. "¿Habla usted en serio?" Preguntaron.
"Bueno, representémoslo. Conozco los sacramentos de la iglesia, las bendiciones nupciales, y, por cierto conozco las siete bendiciones de la tradición judía," contesto.
Peggy encuentra que este ecumenismo es demasiado. No puede imaginar esta conjunción entre sotanas y talit, rosarios en movimiento y borlas anudadas. Pero, si tenemos un Padre Único, porque no un rabinocura.
No son quedados como para darse cuenta como he llevado su aproximación a esta conclusión, lógica pero absurda. Peggy continuó, entonces, explicando que ella no es una cristiana practicante. Entonces le pregunté porqué habría ella de bautizar a su hijo? Ella respondió con una anécdota personal respecto de un primo cuyo hijo murió. "Si eso me sucediera a mi no podría enfrentar el pensamiento que mi hijo no había sido bautizado". Sin bautismo, su hijo estaría suspendido entre el cielo y el infierno. Le pregunto sobra la situación de su futuro esposo. ¿Estaría un Sam sin bautizar, sujeto al limbo y a la condena o estaría a salvo? Siguió un profundo silencio. En este silencio reflexioné sobre la ausencia de teología y filosofía judía en la vida de Sam. El judaísmo de Sam se limita a una a*****ulación observancia al azar de un pastiche de rituales, un sentimentalismo vago hacia el judaísmo, y un apego a sus padres judíos. Ningún mapa judío del mundo, ningún punto de vista diferente sobre la naturaleza humana, Dios, o la búsqueda del significado.
Para Sam, como así también para Peggy, todas las religiones son lo mismo. La preferencia entre un huevo de Pascua colorido y un huevo duro del Seder, o entre un siempreverde inclinado y un lulav en movimiento, es más un tema de gustos que de principios. Parece vergonzoso disolver un amor por algunos pocos de residuos de memoria étnicas. Sin embargo, en la realidad las diferencias entre cristianismo y judaísmo son profundas. Comprenden puntos de vista básicos del mundo y valores que los afectan mas de los que ellos creen. La visión global del mundo en la mayoría de las personas que he conocido, con una formación cristiana como la de Peggy, esta tejida en la trama de la doctrina y símbolos cristianos. Entienden la naturaleza del pecado original, castigo y salvación de acuerdo al modo de la teología cristiana. Tal como veremos esta es una exclamación muy lejana al judaísmo, una brecha demasiado grande como para que un guión sirva de puente.
Para comenzar, el cristianismo esta enraizado en el dogma del pecado original. "Original" no se refiere a la invención de nuevos pecados, sino un pecado heredado originado en la historia bíblica de Adán y Eva. Ellos se revelaron contra Dios que les prohibió comer del Árbol del Conocimiento. El "pecado original" es trasmitido a toda acción del ser humano. No es ya el resultado de una elección individual, es una maldición congénita para la cual no hay cura humana. Solo por fe en la encarnación de hombre-Dios y su inmerecida bondad al morir por los hijos de Dios, se lava el pecado. Solo Cristo crucificado puede liberar a los hijos de Eva de Satán. Durante el juicio a Adolfo Eichmann en 1961, cuando un sacerdote canadiense viajó a Jerusalén para ofrecerle a Eichmann la oportunidad de confesar su creencia en Cristo, los periodistas le preguntaron al sacerdote si la confesión de Eichmann salvaría su alma. El sacerdote respondió que si la salvaría. Se le preguntó entonces si las almas de las víctimas de Eichmann se salvarían sin semejante confesión, el respondió: No, Nadie llega al Padre si no es por mi intermedio, dice Jesús (Juan 14:6); tal como el Reverendo Bailey Smith lo reexpresa "Dios no oye la plegaria de un judío. Fuera de la iglesia nadie es salvado.
Para muchos de los padres de la iglesia, el judaísmo era un anacronismo, un "ha sido" cuyo propósito fue preparar el camino para las buenas nuevas del advenimiento de Cristo. En los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, leemos que en el día que Jesús murió, unos cuarenta años antes de la destrucción del Segundo Templo, las cortinas se rompieron desde la parte más alta hasta el piso. El templo, los sacerdotes, el sistema de sacrificios y la autoridad de los rabinos colapsaron, en tanto que los instrumentos para la comunión con Dios cayeron exclusivamente en manos de los verdaderos creyentes en Cristo crucificado y resucitado.
En el judaísmo la salvación no solo es para los judíos. Aquellos que no creen como nosotros o