Testimonios de personas que participaron de los talleres de Shaar

Cómo nos sentimos con esta situación de ser una pareja mixta?

Por Marina

Hacía cerca de dos años que estábamos de novios cuando finalmente nos animamos a plantearnos abiertamente LA pregunta: ¿cómo nos sentimos con esta situación de ser una "pareja mixta"?

Por supuesto que ya a esa altura habíamos compartido muchísimos momentos que ponían de manifiesto nuestra interconfesionalidad (o la de nuestras familias al menos): Navidad, Pesaj, Pascua, Rosh Hashaná, Iom Kipur…

Mi familia nunca fue especialmente religiosa y, después de nuestro bautismo, el resto de las decisiones acerca de hasta dónde llegar en nuestra educación religiosa, fue bastante individual. Si bien nunca llegué a sentirme cómoda con los rituales y las creencias de la iglesia católica, siempre creí profundamente en Dios y, a mi manera, rezaba y buscaba formas de conectarme con mi espiritualidad, intentando tomar más conciencia acerca de esta dimensión que tanto postergamos en el trajín cotidiano.

Gaby, sin ser estrictamente observante, tiene un enorme sentido de pertenencia a la comunidad judía, y atesora tradiciones pasadas de generación en generación, muchas de las cuales hice propias. Del colegio judío iba al club judío y los fines de semana los pasaba en el country judío. Jamás se imaginó que un día pensaría en formar una familia con una mujer que no fuese judía. Yo… creo que jamás me puse a pensar en ese tema… hasta que me enamoré de Gaby.

Nos costó animarnos. ¡Eran tantos los fantasmas dando vueltas!!! Hasta ese momento todo había sido perfecto: nuestro amor sólo crecía con el tiempo, éramos amigos y compañeros, nos atraíamos mutuamente… pero EL tema estaba ahí, latente, y los dos sabíamos que tarde o temprano íbamos a tener que hablarlo. Mis primeras exploraciones habían sido individuales. Me convertí en una experta en Internet y Google y creo que conocía todas las páginas de la web que hablaban sobre parejas mixtas. Al principio sólo encontré mensajes lapidarios que más de una vez me hicieron llorar. Las técnicas disuasivas abundaban en discursos culpógenos y visiones unilaterales que ignoraban por completo la posibilidad de que dos personas, aún con orígenes culturales o confesionales diferentes, puedan compartir valores, creencias y rituales. Unas pocas incluso apelaban a la conversión compulsiva cuando ya el matrimonio era inevitable, como si el no judío de la pareja hubiera nacido de un repollo y el trámite no fuese más que una formalidad suficiente para evitar que se forme un nuevo matrimonio mixto. Pero eventualmente empecé a encontrar lo que buscaba: no mensajes condescendientes y facilistas (que los hay), sino experiencias reales de parejas mixtas que han construido relaciones sólidas y hogares de valores coherentes, respetando las individualidades, e instituciones que reconocen y ofrecen apoyo a familias interconfesionales. También empecé a aprender sobre judaísmo por la necesidad de comprender el origen y el significado de todas esas tradiciones que ya eran parte de mi vida. ¿Por qué hacía esto? No era solamente por necesidad de aprender: también reflejaba una enorme necesidad de anticiparme a todos los posibles conflictos que pudieran aparecer y tener pensadas soluciones para cada uno de ellos. Un intento que, mientras siguiera haciendo sola, era bastante inútil…

La cuestión es que mientras todas estas idas y venidas internas tenían lugar, las preguntas se acumulaban y los miedos también. Una noche de verano, ya medio dormidos, Gaby disparó la pregunta: "¿A vos te preocupa que tengamos distintas religiones?" ¡No puedo describir el alivio que sentí de estar hablando de este tema al fin!!!! Esa noche creo nos quedamos hablando por horas y creo que llegamos a nuestras primeras dos conclusiones importantes:

Para poder pensar en un futuro juntos, la premisa fundamental es que ninguno de los dos puede renunciar a algo que sea esencial en su vida, ni siquiera por amor

Nuestras creencias y valores eran una base fuerte de unión, no de incompatibilidad

Ya bastante más relajados por haber coincidido en cuestiones tan fundamentales, el diálogo fluyó. Y fluyó. Con una intensidad que parecía no disminuir nunca. En esa época, Gaby estaba trabajando en Brasil y nuestras sesiones de chat duraban horas. ¡Cuánto teníamos para compartir! No dudo en afirmar que esto marcó un antes y un después en nuestra relación. El miedo y los fantasmas se fueron convirtiendo en felicidad de explorarnos a fondo y de compartir todo. Celebrábamos cada coincidencia con alegría -y creo que alivio también-. De a poco fuimos construyendo un proyecto de familia en el que los dos creemos y al que apostamos con todo nuestro corazón. Sabiendo que no había recetas en este camino, exploramos juntos lo sagrado, lo querido, lo temido, lo importante y lo inaceptable para cada uno. Participamos del primer grupo Shaar y por primera vez encontramos un espacio en el cual compartir nuestros pensamientos, dudas y alegrías con parejas que en distintas etapas de la vida habían afrontado las mismas preguntas y miedos. Fueron reuniones enormemente enriquecedoras en las que nos sentimos seguros para abrirnos por completo, en algunos temas por primera vez. Me resulta difícil describir mis sentimientos a lo largo de este descubrimiento mutuo, que aún continúa, pero creo que es la mayor recompensa que nos ha dado el hecho de ser una pareja interconfesional. No sólo aprendimos a comprender y valorar nuestras respectivas tradiciones y orígenes religiosos, sino que también hicimos el valiosísimo ejercicio de repreguntarnos aquello en lo que creíamos y descubrir verdades profundas en nuestro propio interior. Al no existir un camino previamente delineado y tener que construir uno por el que podamos y queramos transitar juntos, pensamos cada paso con detenimiento y lo damos con convicción.

Creo que hasta ahora venimos haciendo las cosas bastante bien y estamos felices con la familia que estamos creando. A lo largo de muchas otras charlas que aún tenemos, llegamos a algunas conclusiones más (que son válidas para nosotros):

Que con el amor solo no alcanza: Si no hay proyectos de vida y de familia compatibles, es muy difícil pensar en construir un futuro juntos.

Que se pueden encontrar maneras de compartir y disfrutar juntos las respectivas tradiciones familiares sin caer en contradicciones.

Que no es necesario compartir ABSOLUTAMENTE TODO, pero sí respetarse mutuamente y aprender a apreciar la importancia que algo puede tener para el otro, por más que no la tenga para mí.

Que la identidad religiosa de los hijos es un tema que cada pareja debe resolver conscientemente. No hay recetas mágicas, eso es cierto: pero sí hay decisiones que tomar y tomarlas "por omisión" casi siempre significa postergar conflictos. La opción que a nosotros nos resulta más coherente es el judaísmo, pero conozco familias mixtas que han optado por otras alternati